
He medido durante semanas el CO2 de mi despacho. Y ahora ventilo religiosamente cada hora y media
He pasado unas semanas probando la estación meteorológica de Netatmo en mi despacho, un cubículo de diez metros cuadrados donde paso la jornada laboral. Agosto en Valencia es brutal: 35 grados y 75% de humedad al mediodía son valores normales. Pero lo que realmente quería comprobar no era la temperatura ni la humedad.
Era la concentración de CO2.
El primer lunes arranqué con curiosidad. A las 8:05 h, con ventana y puerta abiertas desde el viernes, el sensor marcaba 438 ppm, nivel atmosférico. Me puse a trabajar. A las 9:30 h, 455 ppm, subida mínima. Entonces cerré puerta y ventana para simular las condiciones de invierno.
Efectos de la concentración de CO2 en el ambiente. Imagen: Vobu.
A los treinta minutos: 802 ppm. Una hora después: casi 1.400 ppm. Un poco después: más de 1.600 ppm. Ya había empezado a notar esa fatiga mental característica, esa pesadez que algunos días achacas al cansancio. Esa incapacidad para hacer bien lo que sueles hacer bien, mezclada con apatía. No es placebo, hay estudios de sobra que lo respaldan. Como este de Harvard y Syracuse de 2015: los niveles entre 1.000 y 2.500 ppm –habituales en oficinas– reducen hasta un 15% el rendimiento en tareas cognitivas complejas. En toma de decisiones, hasdta un 23%.
Abrí la ventana pero no la puerta. El CO2 bajó de 1.600 a 800 ppm en 25 minutos. Al día siguiente, con corriente cruzada: mismo descenso en 12 minutos. La mitad. Una diferencia que no esperaba tan marcada. En poco tiempo, el nivel volvía a los 450 ppm óptimos.
Gráfica de la aplicación de Netatmo durante una de las pruebas: toda la noche con el despacho vacío, principio de la mañana trabajando con todo abierto. Cerré puerta y ventana. Y al llegar al pico de casi 1.600 ppm, abrí de nuevo puerta y ventana. Y la caída fue aún más rápida que la subida. Imagen: Xataka.
Así muestra la interfaz de la app de Netatmo la concentración de CO2, indicando visualmente su condición, junto a otros valores. Imagen: Xataka.
Otra prueba. Solo abriendo puerta o ventana, la caída es más lenta que si abrimos ambas para crear una corriente. Algo que sabemos desde siempre, pero que ahora podemos cuantificar y asumir con mayor conciencia. Imagen: Xataka.
El Netatmo tiene un margen de error de ±100 ppm hasta 1.000 ppm, ±10% por encima. No es precisión de laboratorio, pero para entender tu hogar sirve. Lo importante no es el número exacto sino la evolución y su correlación con cómo te sientes.
Con el paso de los días, variando aperturas y cierres, empecé a detectar patrones. Ventilando con más frecuencia de lo habitual, desaparecieron la apatía y la neblina mental esporádicas. Van directamente correlacionadas con la renovación del aire.
Lo cual me lleva al siguiente punto: el aire acondicionado. Intuí que no mejoraría la concentración de CO2. Efectivamente: mueve y enfría el aire, pero no lo renueva. Los purificadores tampoco ayudarían salvo que tengan entrada exterior. Filtran partículas, no eliminan gases como el dióxido de carbono.
Al mirar la gráfica con más detalle es fácil ver que por mucha ventilación y corriente que haya, un humano respirando aumenta inevitablemente la concentración de CO2 en la estancia, y de forma acumulativa. Aunque dentro de los valores adecuados. Sobre las 6:00 h entré unos minutos (sube), salí al poco (baja) y luego volví para pasar toda la mañana (sube) hasta que me fui a comer (baja). Como si tuviera un detector de presencia. Imagen: Xataka.
Imagen: Xataka.
Llevé el Netatmo al dormitorio. Dos personas durmiendo con ventana cerrada y puerta abierta: el CO2 subió de 450 a 1.100 ppm. Despertar pesado, sensación de no haber descansado. Noche siguiente con ventana abierta: máximo 640 ppm. Me desperté notablemente más despejado. Me ha convencido para dormir con ventana abierta incluso en invierno.
La estación mide más: temperatura interior/exterior (con el módulo aparte), humedad, presión barométrica, ruido. Es expandible con pluviómetro y anemómetro. App elegante, históricos indefinidos, integración HomeKit impecable. Pero viviendo en vertical y sin jardín, para mí el valor real está en el CO2.
Sobre la integración con HomeKit: cuando el CO2 pasó de 1.100 ppm, esta notificación me llegó a Mac (imagen) y iPhone. Imagen: Xataka.
Y la notificación en el iPhone. Imagen: Xataka.
He aprendido que trabajar con más de 1.000 ppm es funcionar al 70% cognitivo. El problema: no lo notas inmediatamente. Como esa segunda copa que crees inofensiva hasta que intentas sumar la cuenta de cabeza. Ahora ventilo mucho más. Ventanas permanentemente abiertas o, cuando el tiempo lo impida, aperturas más frecuentes que antes.
¿Justifican 110 euros este aprendizaje? Si trabajas en espacios cerrados, sí. No por el aparato, sino por la conciencia que genera. Antes ventilaba cuando «notaba el ambiente cargado». Ahora sé que para cuando lo noto, llevo una hora funcionando mal. Es la diferencia entre conducir con velocímetro o a ojo.
Lo paradójico es que después de tres semanas, el Netatmo me ha enseñado a no necesitarlo. Mi cuerpo ha interiorizado los tiempos y las señales. Reconozco esa ligerísima pesadez ocular, esa fricción sutil en el flujo de palabras. Pero sin los datos objetivos del sensor, nunca habría desarrollado esta sensibilidad.
Es como aprender a afinar un instrumento: primero necesitas el diapasón, después tu oído aprende a reconocer la disonancia por sí solo.
Imagen destacada | Xataka
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Este dispositivo ha sido cedido para prueba por parte de Netatmo. Puedes consultar cómo hacemos las reviews en Xataka y nuestra política de relaciones con empresas.
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La noticia
He medido durante semanas el CO2 de mi despacho. Y ahora ventilo religiosamente cada hora y media
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Xataka
por
Javier Lacort
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